Políticas a largo plazo – Parte II
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(...) En este punto, debe recordarse que el impulso del crecimiento estaba ligado al incremento de las exportaciones y la inversión, pero desde poco antes de la reciente crisis, la variable que el Gobierno decidió estimular es el consumo, pues es la llave que serviría para cumplir con dos objetivos simultáneos: mantener un alto nivel de crecimiento mientras se evita el recalentamiento de algunos sectores. China busca proveedores de largo plazo confiables y de calidad. Si la Argentina aspira a convertirse en uno de ellos no tiene más que seguir el camino que la llevó a ser lo que es hoy como socio comercial de China: intensificar el diálogo y las relaciones comerciales, políticas y culturales. Tanto las políticas chinas (para contener la inflación, para alentar el consumo interno, para evitar el sobrecalentamiento mencionado), como las nuestras de promoción, colaboran con cualquier empresario local que se anime a incursionar en China.
Si bien cada economía con su propia intensidad, toda América Latina hoy está comprometida en aparecer en el horizonte de la –casi ya– segunda economía del mundo. En ese sentido, hay varias señales (de mercado, políticas) que parecen convergentes con los intereses de los empresarios argentinos interesados en el mercado chino. China se ha convertido en proveedor de bienes de capital y de sus partes y piezas (no sólo de bienes de consumo). Esto obedece, entre otros motivos, a que se acentuó la instalación de filiales de trasnacionales en China, y por ello esas empresas de origen no asiático exportan desde ese continente con tecnología y know how ya conocido para nosotros, pero con la salvedad de que ahora es de origen y procedencia oriental.
De cualquier forma, hoy nadie es ingenuo al respecto: como en toda relación comercial creciente e intensa entre dos economías que están estrechando cada vez más su relación, este tipo de cuestionamientos tiene mayores posibilidades de aparecer (como en el caso de la Argentina con su principal socio comercial, Brasil). El comercio internacional no es un juego de suma cero y no hay pruebas consistentes de que el comercio libre, entendido a la usanza de los libros de texto publicados en el hemisferio Norte occidental, pueda ser el mejor camino para aumentar el bienestar de las economías en vías de desarrollo.
En las negociaciones internacionales no hay “carmelitas descalzas” sino que se presencia un juego de intereses muy importante en el cual, como está ampliamente demostrado, las economías desarrolladas pueden ser proteccionistas afectando el futuro de las economías en vías de desarrollo. El fracaso de la Ronda de Doha y el del ALCA, por ejemplo, son una prueba cabal. Cada país miembro del “club global del comercio internacional” (léase OMC) tira de la soga lo más que puede para conseguir lo que necesita en el marco de las reglas que aceptó cumplir al asociarse al club.
